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Rock de la Patada

Lunes, 26 de Junio de 2017 21:23 | escrito por Iván García

OffTheDeportDos pasiones que nos vuelven locos.

La relación música-deporte ha sido muy cercana, una complicidad que brinda a sus respectivos fanáticos una bandera para exaltar sus emociones, desde el banal gusto por un equipo o por una banda tan solo porque es el favorito del papá o de la novia, hasta el más nacionalista al identificarse con su ciudad o la bandera de su país.

En la mayoría de los deportes, en un encuentro de futbol, beisbol, rugby, basquetból, futbol americano, entre muchos otros, las porras o los espectáculos de medio tiempo están amenizadas por canciones que identifican tanto al equipo como a la afición; canciones que se hacen propias para celebrar una victoria, como el “We are the Champios” de Queen o el caso del “Cielito Lindo” con la selección mexicana de futbol, incluso los himnos nacionales de cualquier país se convierten en la identidad deportiva. Vaya, hasta la choteadísima “ Tiburón” del grupo Proyecto Uno se lo apropio la afición de los Tiburones Rojos del Veracruz.

Para ser más precisos, el rock y el futbol han tenido a lo largo de los años una relación indisoluble: los músicos que son hinchas y viceversa. Ejemplos de esta dicotomía lúdica sobran, no solo en el rock sino en cantantes o músicos de otros géneros. Es una relación donde el elemento central es la pasión.

Pocos son los futbolistas que han conseguido subirse a un escenario para tocar con una banda -aunque a veces ha ocurrido tan solo para el “palomazo”-, regularmente ocurre todo lo contrario, pues son los músicos los que bajan al terreno de juego, aunque sea para una “cascarita”. La crónica musical relata que la leyenda del rock progresivo Pink Floyd formó su propia escuadra de futbol cuyos integrantes eran ellos mismos.

Cuenta una anécdota -que, por cierto, terminó en tragedia- que el buen amo del reggae Bob Marley, como amante del balón, en cada ciudad donde se presentaba organizaba partidos con la prensa local para disfrutar de su deporte favorito y convivir con sus fans. Comentan que en una de esas “retas”, en 1978 y al calor del juego, un reportero pisó el dedo de uno de sus pies accidentalmente al músico jamaiquino; una clínica le detectó un melanoma maligno y recomendaron su amputación. Sin embargo, no lo hizo, pues su religión rastafari prohibe eliminar partes del cuerpo, lo que le costó la vida. Un par de años después, mientras corría en un parque de Nueva York, se desmayó y los médicos diagnosticaron que la infección había hecho metástasis en el hígado, estómago, pulmones y cerebro. Por no amputarse ese dedo pisoteado, Marley falleció poco después.

La pasión futbolera la viven intensamente los músicos británicos. Elton John, por ejemplo, llegó a ser jugador de las categorías menores del club Watford, del cual se convirtió más tarde en presidente honorario. El gran Rod Stewart es un fánatico del Celtic de Escocia, al grado de que en 1989 lanzó pelotas en el estadio nacional de Chile, acompañó incluso a la selección escocesa en el mundial de Argentina 78. Y un tanto más intenso resulta el caso de Noel y Liam Gallagher, fundadores de Oasis, quienes adoran al Manchester City de Inglaterra, aunque se odien como hermanos.

Qué decir de Adrian Smith y Steve Harris, guitarrista y bajista de Iron Maiden, respectivamente, que son admiradores del West Ham: en la portada de uno de sus discos aparece el histórico resultado del club londinense West Ham 7- Arsenal 3.
Richard Ascroft, ex vocalista de The Verve, jugó en las categorías inferiores del club Wigan.

Uno de los temas insignes del balompié de los últimos 10 años es, sin duda alguna, “Club Foot” de la banda inglesa Kasabian; vale recordar, además, que en el último campeonato de futbol en Brasil, el dj británico Fatboy Slim dedicó un disco completo con temas remezclados de sus hits bailables y algunos clásicos cariocas, aunado a que acompañó a su selección en la competencia futbolística.

De igual manera, el legendario guitarrista de Queen, Bryan May, es un futbolero de corazón, pues en 1981 tocó en Buenos Aires, Argentina, mientras el mismísimo Diego Armando Maradona daba algunos toques al balón.

Y ya que hablamos del “pelusa”, su canción más popular se llama “La Mano de Dios”, interpretada por Rodrigo Bueno; mientras que el cantautor argentino Andrés Calamaro le compuso el tema “El Regreso”. Calamaro también homenajeó al estadio mexicano que albergó dos mundiales, a través del tema “Estadio Azteca”.

Y como Andrés Calamaro, muchísimos músicos pamperos, quizá la mayoría, le profesan una devoción al futbol casi espiritual, como Los Fabulosos Cadillacs y el titulo de su disco “La Marcha del Golazo Solitario”, temas como “El Baile de la Gambeta” de Bersuit Vergarabat o “El Rock de la Boca” de la banda Ratones Paranoicos.
En España Manú Chao, ex vocalista de Mano Negra, es fanático del equipo La Coruña, además de componerle varios temas a su ídolo Maradona.

México no es la excepción en esta exacerbada pasión por el llamado “juego del hombre”, y las bandas representantes del “rockcito nacional” (Hugo García Michel dixit) también se aplican para dedicarle sendas composiciones al deporte de las patadas. El Tri de Alex Lora tiene un tema muy aspiracional “Si México Ganara el Mundial”, Molotov tiene una rola dedicada al presidente de Chivas del Guadalajara, Jorge Vergara, “Vale Vergara”, creada a la sazón de una confrontación mediática entre Chivas y Pumas, así como “Just Want to Meter mi Gol”, que fue parte del soundtrack de la película Atlético San Pancho; “Hugol” de Rostros Ocultos, que sobra mencionar a quién la dedican.

Vale la pena mencionar, de manera un tanto reciente, el fiasco que cometió la banda de covers que lidera un hijo de Lupita D’Alessio -creo que se llama Matute-, al piratearse casi de manera descarada el himno del club español Sevilla para crear el respectivo himno del centenario del América.

Ya sea el rock o el futbol, ambos despiertan los sentimientos más arraigados de los fanáticos, por algo están emparentados, por algo comparten afición.


El Conchal

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